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19 julio 2009

Viaje (Agosto 2001)

Para Naty, musa de estas letras.

Ella le deba otra pitada, lentamente, acercando sus hambrientos labios al quieto e indefenso cigarrillo. Mientras tanto pensaba, inconfortablemente fría, en el viaje de ida que tomaron sus ideas, en un barco regalado y sin vela, porque la vela era su imaginación que empujaba un viento de utopías, en un mar de mercurio.
Y yo la miraba pensando en ese viaje que no tiene un destino inexorable, tal como cree, tiene millones de destinos, pero ninguno que ella se imagine. Yo también pensaba en ese destino, pero como ya dije, fue inimaginable.
Mientras tanto tengo sed y las palabras se me escurren en mi lengua y miro hacia afuera, como si nunca lo hubiera visto, pero en realidad siempre fue así.
Hace un rato escuche un ruido sin saber de donde salía. Me dejé enfermar y observé las imágenes voladoras. Y otros volaban gracias a los medicamentos para curar tanta realidad. Y yo simplemente colgaba de lianas atadas al cielo infinitamente estrellado.
Más tarde escuchaba los platillos explotar dentro de mi cabeza, pero van a desaparecer porque yo voy a transformarme en esos puntos perdidos y brillantes, pues esta tinta cargada de la pólvora que me hará explotar. Y aunque otros no puedan, me voy a emocionar por como vuela la mente, como viaja, me hace viajar. Y es que a pesar de esa realidad frágil y triste, soy feliz, porque mi felicidad se apoya en la irrealidad de mis viajes infinitos.
Sí, ya se que es un sueño y se que el destino de este es inexorable. Ya se que la felicidad de este momento se va a acabar, pues es sólo un momento. Y no hablo de segundos, estos no existen, sólo son el invento de los desesperados anti soñadores, envidiosos, que no han sabido encontrar el camino. No hacen falta alas para volar.

Unas cosas viejas que encontré por ahí

Brillante estrella (Enero 2002)

¿Quién es la brillante estrella que inspira esta noche de melancolía?
Tal vez son las cadenas de mi alma, que ruegan que les mientas, que narres un nuevo destino. La inmensidad dicen que nos aleja, más y más.
Debería olvidarte, abandonar este vicio que vence con veinte buenas noches más. Días y días pasan.
Y después de las doce, después de las cinco muere el día y esta vida.
Ay, oscurecieron las estrellas otra vez. Y es tristemente hermoso el mundo hoy desde estos cristales, que absorben tu mirada y la cambian de color.
Pero si ahora se secan mis labios, sin la sal acumulada de soledad, entonces le fui infiel a la tristeza.
Pero es que la soledad no está. Duerme y me acecha. Y alimenta mi dolor cada suspiro.
Y ya no será la estrella brillante quien alumbrará la melodía de mis sueños.

De flores y un picaflor (Marzo 2002)

Sos la suave brisa que irrumpió en nuestra soledad. Llegaste, pequeño picaflor, junto al verano a deleitar con tu canto a este jardín de flores.
Fue hermoso el verano mientras duró, pero temible el invierno volvió. Con el hermoso verano te fuiste a volar en otros jardines y a deleitar a otras flores. Y hoy, en tu recuerdo, vuela el aroma de nuestro jardín. A este que lograste agregarle la suavidad de un rayito de luz y la hermosura de tu clara brisa matinal.